¿Por qué es tan necesaria la especificidad en el deporte?

Por Creado: 17/12/2020 0 Comentarios Artículos relacionados : , , , ,

La especificidad del entrenamiento es un principio ampliamente establecido como un aspecto integral que gobierna las respuestas al entrenamiento. Este artículo explora las diversas formas en que se manifiesta la especificidad. Además, se proporcionan guías detallando cómo obtener los beneficios de la especificidad del entrenamiento cuando se diseñan programas para el entrenamiento de la fuerza y el acondicionamiento.

INTRODUCCIÓN

La especificidad del entrenamiento se ha vuelto un principio cada vez más reconocido como parte fundamental para modelar las respuestas al entrenamiento, aunque no es ni mucho menos algo moderno.

La esencia de la especificidad del entrenamiento es que las respuestas al entrenamiento provocadas por un modo dado de ejercicio están directamente relacionadas con los elementos fisiológicos involucrados para soportar un estrés específico de entrenamiento [1]. De acuerdo con esto, el impacto sobre los músculos y las vías metabólicas no empleadas directamente durante el ejercicio es muy pequeño [1,2].

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La especificidad puede entrenarse desde una perspectiva metabólica, biomecánica, nutricional, posicional, climatológica o psicológica, entre otras posibilidades. Por ejemplo, la especificidad metabólica de las adaptaciones al entrenamiento se aplica a los sistemas energéticos movilizados durante el ejercicio. La masa muscular involucrada y la intensidad global del ejercicio dictarán si las respuestas al entrenamiento se verán limitadas a adaptaciones a nivel muscular o si se producirán adaptaciones a nivel cardiovascular [1-4].

En lo que respecta a la parte más visible desde un punto de vista práctico, la especificidad del gesto o biomecánica se entrenará con ejercicios que simulen los requerimientos de los ejercicios de competición y/o de aquellos en los que se quiera mejorar.

De acuerdo con esto, la selección de los ejercicios debería reflejar los rangos de movimiento y los ángulos articulares utilizados en el deporte o la actividad deportiva [1-4]. La especificidad de la velocidad y del tipo de contracción muscular es evidente en que las ganancias de fuerza tienden a restringirse a las velocidades a las cuales los músculos son entrenados[3,4].

Pero, la especificidad biomecánica también se extiende a los elementos estructurales, tal como la postura y la posición de las extremidades. De esta manera, aunque un ejercicio pueda tener un mismo patrón de movimiento que el gesto deportivo que se quiera mejorar, no necesariamente significa que esté destinado a mejorar dicho gesto.

La especificidad del gesto o biomecánica se entrenará con ejercicios que simulen los requerimientos de los ejercicios de competición y/o de aquellos en los que se quiera mejorar. De esta manera, aunque un ejercicio pueda tener un mismo patrón de movimiento que el gesto deportivo que se quiera mejorar, no necesariamente significa que esté destinado a mejorar dicho gesto.

En esta disputa respecto al patrón motor, podemos observar que los ejercicios de cadena cinética cerrada tienen una mayor transferencia al rendimiento deportivo, debido a que con frecuencia son movimientos multiarticulares. Los ejercicios de cadena cinética cerrada con pesos libres también incorporan la transmisión de fuerza desde el suelo y hacia arriba, lo cual nuevamente replica lo que ocurre durante los movimientos deportivos [2,5].

Y no solo eso, sino que, como ya sabemos, uno de los condicionantes de la práctica deportiva es la rapidez con que se tiene que aplicar la fuerza, lo que define la tasa de producción de fuerza o índice de manifestación de la fuerza (RFD, por sus siglas en inglés, Figura 1). Esto hace que, desde un punto de visto fisiológico y biomecánico, las necesidades de contracción muscular sean algo diferentes a ejercicios típicos de gimnasio.

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Figura 1: Representación de la tasa de producción de fuerza en la curva Fuerza-tiempo como la pendiente de la misma.

Los movimientos realizados a bajas velocidades reales, aunque la intención de realizarlos sea a máxima velocidad posible, son poco frecuentes en la mayoría de deportes salvo, quizás, powerlifting o strongman. Los movimientos con estas características envuelven una activación simultánea de los músculos agonistas y antagonistas durante la contracción, aunque sea a diferentes frecuencias. Por el contrario, movimientos realizados lo más rápidamente posible, como pueda ser un sprint, un clean en halterofilia o un golpe en cualquier deporte de contacto como boxeo, karate o MMA, que solo duran un breve instante de tiempo, envuelven una secuencia trifásica de activación muscular [5,6]:

1. En primer lugar, el músculo agonista del movimeinto se activa al máximo posible, de tal manera que el antagonista está lo más inhibido posible. Esta primera fase del movimiento produce un impulso en la dirección intencionada de trabajo. Pensemos, por ejemplo, en que lanzamos una pierna hacia adelante para avanzar durante una carrera a máxima velocidad, siendo los flexores de cadera los principales lanzadores de la pierna [5].

2. A continuación, en segundo lugar, el grupo muscular antagonista produce una fuerza de frenado de la(s) articulación(es) que se esté(n) moviendo antes del bloqueo final del primer impulso, en el momento exacto que el deportista requiera ese frenado…

3. …y lo magnífico y curioso de todo esto es que, en tercer lugar, el grupo muscular agonsita vuelve a activarse para corregir el exceso de frenado que pueda causar el grupo muscular antagonista y equilibrar así las fuerzas de la manera necesaria y óptima para que el movimiento en su conjunto sea lo más eficiente posible para la práctica deportiva que se esté realizando.

Toda esta secuencia trifásica está presente incluso en ausencia de retroalimentación aferente propioceptiva, es decir, que se puede realizar de manera automatizada y con entrenameinto sin que los receptores posicionales de las articulaciones involucradas en el movimiento tomen parte en la ecuación, lo que sugiere que el patrón de movimiento queda instaurado en el cerebro y no en la espina dorsal que, generalmente, es el origen motor de estos movimientos [6].

CONCLUSIONES Y APLICACIONES PRÁCTICAS

Los ejercicios seleccionados para el entrenamiento deberían ser predominantemente ejercicios multiarticulares específicos de las demandas del deporte. De esta manera, la especificidad beneficiará la activación muscular y mejorará la coordinación y el control a nivel periférico [1-6]. Esto también favorecería el desarrollo de la musculatura de estabilización y la propiocepción.

No hablamos únicamente de ejercicios específicos de pesas o con el peso corporal, sino también de ejercicios y dinámicas de equipo para los deportes de equipo [7,8].

En este caso, además de los patrones individuales del gesto deportivo, debe implementarse el entrenamiento que simule los movimientos y los modos de locomoción específicos del juego, incluyendo movimientos laterales y hacia atrás. Las limitaciones asociadas con un deporte en particular, tal como la oposición de otros jugadores y las dimensiones del área de juego, también deberían replicarse en el entrenamiento, siempre que esto sea posible [8].

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Bibliografía y referencias

1. Barnett, M. L., Ross, D., Schmidt, R. A., & Todd, B. (1973). Motor skills learning and the specificity of training principle. Research Quarterly. American Association for Health, Physical Education and Recreation, 44(4), 440-447.

2. Izquierdo, M., Häkkinen, K., Gonzalez-Badillo, J. J., Ibanez, J., & Gorostiaga, E. M. (2002). Effects of long-term training specificity on maximal strength and power of the upper and lower extremities in athletes from different sports. European journal of applied physiology, 87(3), 264-271.

3. Behm, D. G., & Sale, D. G. (1993). Velocity specificity of resistance training. Sports Medicine, 15(6), 374-388.

4. Young, W. B. (2006). Transfer of strength and power training to sports performance. International journal of sports physiology and performance, 1(2), 74-83.

5. Kristensen, G. O., Van den Tillaar, R., & Ettema, G. J. (2006). Velocity specificity in early-phase sprint training. Journal of Strength and Conditioning Research, 20(4), 833.

6. Berardelli, A., Hallett, M., Rothwell, J. C., Agostino, R., Manfredi, M., Thompson, P. D., & Marsden, C. D. (1996). Single–joint rapid arm movements in normal subjects and in patients with motor disorders. Brain, 119(2), 661-674.

7. Catteeuw, P., Helsen, W., Gilis, B., & Wagemans, J. (2009). Decision-making skills, role specificity, and deliberate practice in association football refereeing. Journal of Sports Sciences, 27(11), 1125-1136.

8. Causer, J., & Ford, P. R. (2014). “Decisions, decisions, decisions”: transfer and specificity of decision-making skill between sports. Cognitive Processing, 15(3), 385-389.