HIDROTERAPIA PARA LESIONES Y DOLOR DE RODILLA

Por Creado: 19/10/2021 0 Comentarios Artículos relacionados :

En el deporte de élite representado, sobre todo, por repercusión en algunos jugadores de fútbol y baloncesto, aunque no son los únicos deportes en los que se emplea este método, es frecuente observar que en las primeras fases de la recuperación de lesiones de rodilla, se realiza ejercicio en piscinas, lo que recibe el nombre de hidroterapia.

Es posible que a muchos les llame la atención la idea de que el trabajo en el agua pueda ayudar en la recuperación funcional de jugadores cuyo terreno de juego no es el agua. ¿Sirve la hidroterapia? ¿Por qué se usa? ¿Cuál es la evidencia y qué ejercicios son esenciales? Todo esto vamos a verlo a continuación.

LESIONES Y DOLORES MÁS HABITUALES DE RODILLA

Como decimos, es bastante habitual ver cómo jugadores lesionados, especialmente quienes han sufrido lesiones de ligamentos de la rodilla y han tenido que ser intervenidos, realizan ejercicios en la piscina en las fases tempranas de su recuperación (Figura 1). Lo cierto es que la hidroterapia es una excelente opción de tratamiento, y no solo para personas que han sufrido una lesión grave como la rotura de algún ligamento de la rodilla, sino incluso para las personas que viven con dolor frecuente de rodilla [1,2], una afección bastante más habitual en la población y en los deportistas.

futbolistas en el agua en la primera fase de recuperación para lesiones y dolor de rodilla
Figura 1. Es frecuente observar imágenes de futbolistas recuperándose de lesiones de rodilla en la piscina en las primeras etapas de recuperación.

La osteoartritis de rodilla se caracteriza por la pérdida irreversible de cartílago articular de los cóndilos del fémur y meseta de la tibia, dos estructuras que están en contacto a través del cartílago [3]. A este nivel, el cartílago se encarga, precisamente, de que los huesos de tibia y fémur no rocen entre sí ni choquen al realizar movimientos (Figura 2).

artritis degenerativa de rodilla que conduce a artrosis
Figura 2. Artritis degenerativa de rodilla que conduce a artrosis.

A medida que avanza el daño en el cartílago, el dolor aumenta, lo que se traduce en una reducción de la calidad de vida. A medida que progresan los síntomas, las personas que lo sufren generalmente reducen su actividad física debido al dolor; pero desafortunadamente esto no mejora la dolencia, ya que dejar de realizar actividad física da como resultado una progresión acelerada de los síntomas y de la pérdida de funcionalidad [3], mientras que participar en el tipo correcto de ejercicio, en realidad, los mejora y los previene.

Como muchos sabréis, casi todas las pautas de recuperación enumeran el ejercicio físico como piedra angular para el tratamiento no quirúrgico de la osteoartritis de rodilla [4-6]. Sin embargo, para algunas personas, el dolor puede impedir la participación en un programa de ejercicio y, en este punto, se requiere un enfoque diferente.

Aquí es donde la hidroterapia entra en juego, ya que ofrece ejercicio en un ambiente terapéutico cálido, lo cual tiene un efecto reductor del dolor percibido durante e inmediatamente después del ejercicio según diversas investigaciones, entre las que incluimos el máximo nivel de evidencia como son revisiones sistemáticas con metanálisis [1-7]; incluso aunque en algunas de ellas, las medidas de la mejora de la función física demostraron ser solo muy pequeñas o triviales.

La explicación principal a estos resultados con menor efecto es que a la hora de pautar el ejercicio existe mucha variedad en la frecuencia, duración e intensidad de los programas, y consecuentemente, en los resultados. Y es que hay que mirar con detalle cada tratamiento; al igual que con el ejercicio en tierra, en suelo firme, en el gimnasio… el plan de tratamiento debe individualizarse según las necesidades de los pacientes. Para ser más eficaz, un programa debe centrarse en un resultado principal a largo plazo y realizarse al menos dos veces por semana durante algunos meses. Es aquí, en la duración del programa, donde muchas investigaciones encuentran sus principales limitaciones.

Además, cualquier programa que incluya trabajo en el agua, también debería complementarse con ejercicio pasivo y activo de fisioterapia, y fuera del agua para conseguir una recuperación satisfactoria, tanto en sensación de dolor como en funcionalidad de la rodilla [2-6], siendo conscientes, claro, de que la degeneración del cartílago es irreversible, salvo intervención quirúrgica.

La hidroterapia entra en juego para paliar los dolores habituales que tienen lugar en algunos pacientes en su vida diaria, ya que ofrece ejercicio en un ambiente terapéutico cálido (agua), lo cual tiene un efecto reductor del dolor percibido durante e inmediatamente después del ejercicio. Esto también debería complementarse con ejercicio pasivo y activo de fisioterapia y fuera del agua para conseguir una recuperación satisfactoria.

TIPOS DE EJERCICIOS EN EL AGUA

El caso es que, a la hora de analizar los resultados de la hidroterapia, tenemos que hacerlo atendiendo a cuatro grupos diferentes de ejercicio:

  1. Entrenamiento de fuerza en el agua.
  2. Entrenamiento cardiovascular en el agua.
  3. Entrenamiento neuromuscular y de equilibrio.
  4. Flexibilidad y rango de movimiento articular.

Entrenamiento de fuerza en el agua

Comenzando con el entrenamiento de fuerza en el agua, recordamos que por la naturaleza del medio, es un poco difícil medir exactamente la actividad muscular de la misma manera que en tierra, ya que la viscosidad del agua y la gravedad relativa afectan de manera diferente a las demandas [8,9]. La viscosidad del agua ofrece por sí misma una resistencia al movimiento mayor a la del aire; a la vez que frena la atracción de la gravedad, haciendo que una masa determinada (ej. masa corporal) pese menos en el agua con respecto a fuera de ella.

Un método alternativo para adaptar las demandas y controlar la resistencia durante el entrenamiento de fuerza en el agua es el uso de material que aumenta el área de superficie de la extremidad [10,11]. El ejemplo más común es una bota de resistencia que puede aumentar la fuerza que hay que realizar hasta un 33% durante el movimiento bajo el agua (Figura 3).

ejercicio de hidroterapia para lesiones y dolor de rodilla
Figura 3. Aumentar el área de superficie de la(s) extremidad(es) que realizan los movimientos principales a abordar durante la sesión, permite aumentar las demandas hasta un 33% respecto a no hacerlo.

En términos generales, programas que incluyen 5-6 ejercicios de fuerza en el agua, centrados no únicamente en las rodillas, sino también en el resto del cuerpo, destacando las caderas por su proximidad a la articulación de la rodilla, resultan efectivos cuando se realizan habitualmente durante unos meses [1,5,7,12]. Si se trata de realizar cada ejercicio en un rango de repeticiones tal que la serie dure al menos 45 o 60 segundos, con cada repetición realizada de la manera más rápida posible, el éxito a medio plazo es mucho más probable.

En general, la parte principal de la sesión debería durar aproximadamente 30 – 40 minutos con un calentamiento y una vuelta a la calma de 10 – 15 minutos, redondeando el total de la sesión a una hora.

Entrenamiento cardiovascular

Al igual que en tierra, la sensación del esfuerzo percibido (RPE), el porcentaje de VO2 máx. o la frecuencia cardíaca de entrenamiento son excelentes herramientas para evaluar la mejoría cardiovascular antes y después de la hidroterapia.

En cuanto a los tipos de ejercicio, correr en aguas profundas, que cubran al menos hasta el cuello, en cintas sumergibles, junto a la calistenia y los ejercicios de fuerza en el agua realizados a altas repeticiones o con alto volumen de series, además de la natación, son ejemplos de entrenamiento aeróbico en el agua.

En caso de que el objetivo principal del bloque de entrenamiento sea la mejora cardiovascular, las mejoras van a alcanzar un pico de evidencia cuando los ejercicios se realicen 3 – 5 veces a la semana durante 30 – 60 minutos y siguiendo las pautas recomendadas de intensidad [1-7, 9]. A saber:

  • Moderada cuando el RPE se sitúa en 5-6 sobre 10 (lo que equivaldría al 40 – 60% del VO2 máx.; y
  • 7-8 sobre 10 cuando hablemos de intensidad vigorosa, que debería representar al menos 1/4 o 1/3 del total de trabajo cardiovascular a la semana, lo que equivale a un 60 – 80% del VO2 máx.

Ejercicio neuromuscular y de equilibrio

Sabemos que este tipo de entrenamiento en tierra es una excelente manera de mejorar la función y el dolor en personas con molestias de rodilla [13-15], pero la pregunta es si se puede reproducir esto en el agua.

Si acudimos, como siempre, a la evidencia de estudios controlados y aleatorizados, podemos observar que, por ejemplo, Hinman y cols. [16] desarrollaron un programa acuático que integraba muchos aspectos comunes del entrenamiento neuromuscular en tierra, mientras utilizaron el efecto de soporte del peso corporal de la flotabilidad para ayudar al movimiento y hacer que este tipo de entrenamiento sea accesible para aquellos con altos niveles de dolor y también con buenos resultados.

El programa utilizó sentadillas con una o dos piernas, subir escalones, zancadas y elevaciones de gemelo, de la misma manera que lo haría en tierra (Figura 4). Dicho estudio data del año 2007 y desde entonces se han repetido investigaciones semejantes que llevan a las mismas conclusiones (mirar bibliografía): el entrenamiento en el agua es también neuroterapéutico.

alternativas de ejercicios de hidroterapia para lesiones y dolor de rodilla
Figura 4. Los ejercicios en el agua pueden ser semejantes a los realizados fuera de ella. No hay obligatoriedad de cambiarlos en exceso, aunque también caben otras alternativas diferentes a fuera del agua.

Así que, el trabajo en agua es útil para mejorar también la función neuromuscular y la coordinación, entre otras variables que afectan directamente a la fuerza. Un consejo importante aquí sería ir disminuyendo gradualmente la profundidad del agua para aumentar los aspectos del ejercicio que soportan peso, lo que no solo lo hace más difícil, sino que es una excelente manera de hacer la transición a los ejercicios en tierra.

Trabajo de flexibilidad y rango de movimiento articular

El estiramiento estático en agua tibia es más fácil que en tierra por la flotabilidad y la temperatura [17,18]. Parece que la activación del huso muscular disminuye durante la inmersión pasiva [18], esto en combinación con la disminución del dolor permite un estiramiento pasivo más eficaz de los tejidos blandos.

Los husos neuromusculares son receptores sensoriales en el interior del vientre muscular que detectan cambios en la longitud del músculo y atienden también a la velocidad con la que se dan estos cambios de longitud (Figura 5). Cuando hay una lesión o deterioro de la rodilla, la actividad de los husos neuromusculares aumenta como método de protección, lo que puede generar posturas alteradas y rigidez muscular. El trabajo en el agua con estiramiento del tipo FNP (facilitación neuromuscular propioceptiva) ha mostrado buenos resultados en la reducción de la hipertonía muscular asociada a algunos problemas de rodilla [1,2,7].

lesión y dolor de rodilla
Figura 5. Cuando hay una lesión o deterioro de la rodilla, la actividad de los husos neuromusculares aumenta como método de protección. La inmersión en agua tibia disminuye esta sobreactivación, facilitando la corrección de posturas y la recuperación funcional.

Además, y para terminar, los movimientos activos en agua tibia también aumentan la actividad celular en la fascia por la temperatura mejorando aún más la movilidad de los tejidos blandos y las articulaciones. Esto explica en gran medida la reducción del dolor a corto plazo y los aumentos de movilidad inmediatamente después del trabajo acuático.

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Por todo ello, cómo podéis observar, la hidroterapia tiene un papel protagonista en la recuperación de lesiones y mejora de los síntomas de dolor y, por eso se utiliza con frecuencia en el deporte de élite. Aunque existen programas prefijados y generales, la individualización, como siempre, es necesaria para sacar el máximo provecho a esta alternativa.

Bibliografía y referencias

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  2. Carayannopoulos, A. G., Han, A., & Burdenko, I. N. (2020). The benefits of combining water and land-based therapy. Journal of exercise rehabilitation16(1), 20.
  3. Abramoff, B., & Caldera, F. E. (2020). Osteoarthritis: pathology, diagnosis, and treatment options. Medical Clinics104(2), 293-311.
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  15. Zampogna, B., Papalia, R., Papalia, G. F., Campi, S., Vasta, S., Vorini, F., … & Denaro, V. (2020). The role of physical activity as conservative treatment for hip and knee osteoarthritis in older people: a systematic review and meta-analysis. Journal of clinical medicine9(4), 1167.
  16. Hinman, R. S., Heywood, S. E., & Day, A. R. (2007). Aquatic physical therapy for hip and knee osteoarthritis: results of a single-blind randomized controlled trial. Physical therapy87(1), 32-43.
  17. Pendergast, D. R., Moon, R. E., Krasney, J. J., Held, H. E., & Zamparo, P. (2011). Human physiology in an aquatic environment. Comprehensive Physiology5(4), 1705-1750.
  18. Pöyhönen, T., & Avela, J. (2002). Effect of head-out water immersion on neuromuscular function of the plantarflexor muscles. Aviation, space, and environmental medicine73(12), 1215-1218.