ADICCIÓN AL DEPORTE, EL LADO OSCURO DE HACER EJERCICIO

Por Creado: 10/03/2021 0 Comentarios Artículos relacionados :

A pesar de los muchos beneficios del ejercicio practicado de manera habitual, existe evidencia de que el ejercicio puede volverse adictivo, hasta el punto de que quien hace ejercicio experimenta síntomas fisiológicos y psicológicos negativos, como síntomas de abstinencia, disminución del rendimiento y detrimento de las relaciones sociales; e incluso distorsión de la imagen corporal y dismorfia muscular o vigorexia. Además, la evidencia reciente también ha demostrado que las alteraciones de la imagen corporal, los trastornos de la conducta alimentaria o TCA y el uso superior a 2 horas diarias de las redes sociales, siempre que sea dentro de nuestro tiempo libre, son claros potenciadores de esta alteración de la conducta.

La prevalencia general de la adicción al ejercicio parece ser del 3 al 14% de la población que hace ejercicio, números que pueden parecer bajos pero que si echamos un vistazo a ejemplos reales, no lo son tanto y dejan entrever la gravedad del asunto.

Dentro de la comunidad Powerexplosive, a día de hoy, y para que nos hagamos una idea, somos un total de en torno a 3 millones de personas y, supuestamente, todos realizamos de alguna u otra manera alguna modalidad de ejercicio físico. Pues bien, si atendemos a estos datos, significaría que entre 90.000 y 420.000 personas sufrirían adicción al ejercicio en algún momento de sus vidas. Veamos qué implicaciones tiene este problema y sus posibles soluciones.

1. Sintomatología y clasificación de la adicción al ejercicio

El ejercicio regular se puede conceptualizar como un conjunto de actividades de movimiento complejo planificadas, estructuradas y repetitivas que se llevan a cabo con suficiente frecuencia, intensidad y duración para ser eficaz en la promoción de la salud, al tiempo que juega un papel importante en la prevención de enfermedades [1, 2].

Sabemos a ciencia cierta que el ejercicio físico regular contribuye al mantenimiento de la salud [3-6]. El nivel óptimo de ejercicio físico habitual tiene efectos favorables tanto en el bienestar físico y mental de la población adulta [7-9], así como de los niños y el bienestar general de los adolescentes [10-12]. Precisamente por estos beneficios, se crea un ciclo positivo de bienestar en el que la dopamina y las endorfinas forman parte de lo que Glasser introdujo por primera vez como «adicción positiva” (Figura 1) [13].

Figura 1. Circuito de recompensa. Anatomía y neurofisiología. Vías de dopamina y serotonina.

Sin embargo, Morgan cuestionó la conceptualización de Glasser [14], porque los estudios de casos psiquiátricos habían demostrado que el ejercicio podría conducir no solo a lesiones físicas, sino también a que la práctica excesiva de ejercicio se relacionaba con negligencias de las responsabilidades cotidianas, incluidas la vida laboral y familiar, surgiendo así una nueva forma de adicción, en este caso negativa [14].

A pesar del uso cada vez mayor del término «adicción al ejercicio», también se utilizan otros nombres alternativos, siendo el más popular quizás el de “dependencia del ejercicio” [15, 16], pero nosotros consideramos que el término adicción es el más apropiado para su explicación, ya que incorpora tanto la dependencia como el comportamiento compulsivo hacia el mismo. En una revisión reciente de psiquiatría relacionada con el deporte, la adicción al ejercicio se clasificó como un trastorno compulsivo que acentuaba el espectro y las peculiaridades del proceso [17].

Una adicción se define como el proceso conductual que puede proporcionar ya sea placer o alivio del malestar interno (estrés, ansiedad, etc.) y se caracteriza por la incapacidad para controlar ese comportamiento y mantenerlo en el tiempo a pesar de las consecuencias negativas [18]. Esta definición se complementa luego por seis síntomas comunes de adicción como criterio para identificar la condición: prominencia, modificación del estado de ánimo, tolerancia, síntomas de abstinencia, conflicto personal y recaída [19].

Basado en síntomas con valores diagnósticos, la adicción al ejercicio podría potencialmente clasificarse dentro de la categoría de adicciones conductuales [20,21], porque una característica común de todas las adicciones conductuales (y químicas) es la preocupación por la conducta cuando se previene o retrasa. Esta es la faceta obsesiva de la disfunción, que se acompaña de un aumento de los niveles de ansiedad antes llevar a cabo el comportamiento y disminuir la ansiedad, la sensación de alivio y la satisfacción después de la cumplimiento del comportamiento.

El efecto ansiolítico de la conducta adictiva suele ir seguido de sentimientos de culpa en el contexto del comportamiento. El alivio experimentado es de corta duración, y la necesidad de volver a participar en el comportamiento pronto resurge en paralelo con la ansiedad progresivamente creciente (Figura 2).

Cuanto mayor sea la puntuación total, más dependiente del ejercicio eres. Sin embargo, los psicólogos miran más allá de la puntuación total y también se centran en si hay tres o más en la columna «en riesgo de dependencia» de la tabla anterior. En tal caso, se considerará que tienes dependencia del ejercicio. Queda pendiente de validación profesional, pero es recomendable qué valores acudir a uno [26].

2. Relación con otros trastornos

Existe un fuerte vínculo entre la adicción al ejercicio y diversas formas de trastornos alimentarios, como ya hemos visto en algunas ocasiones. Varios estudios han informado que la conducta alimentaria desordenada va a menudo (si no siempre) acompañado de niveles exagerados de ejercicio físico. La relación inversa también ha sido establecida, y es que las personas afectadas por la adicción al ejercicio a menudo (pero no siempre) muestran una preocupación excesiva por su imagen corporal, peso y control sobre la dieta, como bien se ha recogido en una reciente revisión de 2020 [22]. Esto puede derivar en dismorfia muscular o vigorexia.

Esta comorbilidad dificulta establecer cuál de estos comportamientos es el trastorno principal. En relación con esto, es importante aclarar si la conducta de ejercicio exagerada es una problema principal en la vida de la persona afectada o si surge como un problema secundario como consecuencia de otra disfunción psicológica, porque sea de una u otra manera la intervención desde la psicología y el entorno del afectado se orientarán hacia diferentes aspectos.

En el primer caso, la disfunción es clasificada como adicción primaria al ejercicio porque se manifiesta como una forma de adicción conductual. En el último caso, se denomina adicción secundaria al ejercicio porque coexiste con otra disfunción, típicamente con trastornos alimentarios como anorexia nerviosa o bulimia nerviosa. La característica distintiva entre los dos es que, en la adicción primaria al ejercicio, el ejercicio es el objetivo; mientras que, en la adicción secundaria al ejercicio, la pérdida de peso es el objetivo, y el ejercicio exagerado es uno de los principales medios para lograr el objetivo.

La prevalencia general de la adicción al ejercicio parece ser del 3 al 14% de la población que hace ejercicio, y la relación entre esta adicción y el más investigado de los factores coadyuvantes al desarrollo de la misma, la presencia (o ausencia) de trastornos alimentarios, se ha establecido en un dato concluyente y es que quienes tienen trastornos alimentarios diagnosticados tienen un riesgo 3,5 veces mayor de desarrollar adicción al ejercicio que los sujetos sin ellos.

En la adicción secundaria al ejercicio, quienes tienen trastornos alimentarios diagnosticados tienen un riesgo 3,5 veces mayor de desarrollar adicción al ejercicio que los sujetos sin ellos.

3. Explicación conductual y posibles soluciones

Las conclusiones de las revisiones sistemáticas y metaanálisis de las últimas décadas vienen a decirnos que la dificultad para controlar el impulso de hacer ejercicio se manifiesta de forma más evidente en aquellas personas con problemas emocionales [22-24]. Si se utiliza el ejercicio para potenciar estados de ánimo positivos, al suspenderse pueden aparecer los síntomas de abstinencia debido a la irrupción de los estados de ánimo negativos.

En este sentido, la práctica del ejercicio comenzaría a sustituir otras actividades cotidianas. Al ser el recurso principal para potenciar estados de ánimo positivos y reducir los negativos, al suspenderse pueden aparecer los síntomas de abstinencia debido a la irrupción de los estados de ánimo negativos.

Como explicación fisiológica de la adicción al ejercicio, quizás la más antigua, la más popular, y también la más controvertida entre los corredores y muchos otros deportistas, es la denominada como hipótesis de los corredores. Seguro que muchos se sienten identificados con esa sensación que durante mucho tiempo después de haber corrido, se mantiene una intensa sensación de euforia. La sensación se ha atribuido a la actividad de betaendorfina en el cerebro. Sin embargo, la contra hipótesis viene de que los cambios observados en la betaendorfina se observaron en el plasma, y debido a su estructura química, las betaendorfinas no pueden cruzar la barrera hematoencefálica, lo que significa que los cambios en los niveles plasmáticos pueden no ser acompañados de cambios simultáneos en el cerebro.

Desde una perspectiva psicológica, Szabo propuso una hipótesis de evaluación cognitiva como la base para una mejor comprensión de la etiología de la adicción al ejercicio [25]. De acuerdo a esta teoría, una vez que el deportista habitual utiliza el ejercicio como un medio para hacer frente al estrés, el individuo afectado aprende a depender (y necesitar) del ejercicio en momentos de estrés. El individuo está convencido de que el ejercicio es un medio saludable para afrontar el estrés y, así, la persona utiliza la racionalización para explicar las cantidades exageradas de ejercicio, que lenta y progresivamente va cobrando su precio a otros obligaciones y actividades diarias.

Si eventos imprevistos impiden que la persona haga ejercicio o requieren que la persona reduzca la cantidad de ejercicio diario, el comportamiento aparece irritabilidad, culpa, ansiedad, etc. El deportista adicto queda atrapado en un círculo vicioso en el que necesita más ejercicio para hacer frente al estrés de la vida en constante aumento, parte del cual es causado por el ejercicio en sí.

De esta manera, desde una perspectiva conductista, las personas adictas al ejercicio pueden estar motivadas por refuerzo negativo (p. ej., para evitar los síntomas de abstinencia) (Figura 3) así como mediante el refuerzo positivo (p. ej., para disfrutar de cualquier aspecto del ejercicio [22,25].

El ejercicio de refuerzo negativo no es una característica de los deportistas comprometidos que desean mejorar y disfrutar de su ejercicio. De hecho, los deportistas comprometidos mantienen su ejercicio para beneficiarse de su actividad y, por tanto, su comportamiento está motivado a través del refuerzo positivo. Sin embargo, quienes son adictos tienen que hacer ejercicio para evitar sentimientos negativos. Su ejercicio puede ser una tarea que debe cumplirse, una obligación, o de lo contrario ocurriría algo no deseado, como la incapacidad para sobrellevar el estrés, estar de mal humor, no poder controlar las ganas de comer, etc.

La identificación del ejercicio excesivo como adicción conlleva el riesgo de estigmatización también debido a la adjudicación peyorativa del comportamiento. Con el fin de evitar esto, todas las intervenciones posibles deben encontrar un equilibrio pragmático entre la promoción de ejercicio y entrenamiento, por un lado, y prevención del ejercicio excesivo, por otro. De esta manera, similar a varias otras adicciones conductuales, la templanza podría ser el foco de la comunicación. Las posibles intervenciones deben incluir el mensaje de que el ejercicio recreativo no solo es tolerable, sino un factor definido y deseable que contribuye a la salud.

Aunque no sea una enfermedad reconocida, la adicción a la práctica del ejercicio físico causa daño en la salud, las relaciones, el trabajo o los estudios y es necesario encontrar soluciones y métodos de prevención.

Como hemos podido observar, una de las claves está en la autoaceptación. Sea por los motivos que sea, muchos de los practicantes de ejercicio, especialmente aquellos que lo realizan en gimnasio o con fines estéticos, sufren problemas de autoaceptación. La autoaceptación significa tratarnos con cariño a nosotros mismos y reconocer que somos valiosos y dignos de ser queridos y respetados a pesar de no ser perfectos. En la teoría parece fácil, sin embargo, no es así.

Muchos de los practicantes de ejercicio, especialmente aquellos que lo realizan en gimnasio o con fines estéticos, sufren problemas de autoaceptación. La autoaceptación significa tratarnos con cariño a nosotros mismos y reconocer que somos valiosos y dignos de ser queridos y respetados a pesar de no ser perfectos.

Vivimos en una sociedad altamente competitiva, y la autoaceptación requiere, en muchas ocasiones, cambiar nuestra manera de pensar y reeducarnos. La autoaceptación es una herramienta tan potente, que incluso se emplea en la terapia psicológica. Las terapias de tercera generación, por ejemplo, la terapia de aceptación y compromiso o el mindfulness, versan en torno a esta concepto.

Pedir ayuda es uno de los primeros pasos y para eso existen profesionales especializados en estos temas, pero un primer paso también reside en nosotros mismos. Trabajar el diálogo interno es un pilar importante en la modificación de la conducta para conseguir el equilibrio que buscamos: deja de ser perfeccionista y deja de pensar que eres indigno por tener imperfecciones. El perfeccionismo afecta negativamente a nuestro equilibrio emocional. En cambio, cuando aceptas tus imperfecciones y las ves como algo normal, entonces eres libre.

4. Bibliografía y referencias

1. Waddington, I. (2000) Sport, Health, and Drugs: A Critical Sociological Perspective. London: Spoon Press.

2. Caspersen, C. J., Powell, K. E., & Christenson, G. M. (1985). Physical activity, exercise, and physical fitness: definitions and distinctions for health-related research. Public health reports, 100(2), 126. 

3. Blair, S. N., Kohl, H. W., Paffenbarger, R. S., Clark, D. G., Cooper, K. H., & Gibbons, L. W. (1989). Physical fitness and all-cause mortality: a prospective study of healthy men and women. Jama, 262(17), 2395-2401.

4. Paffenbarger Jr, R. S., Hyde, R., Wing, A. L., & Hsieh, C. C. (1986). Physical activity, all-cause mortality, and longevity of college alumni. New England journal of medicine, 314(10), 605-613. 

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25. Szabo A. (1995) The impact of exercise deprivation on well-being of habitual exercisers. The Australian Journal of Science and Medicine in Sport; 27, 68–75.

26 Hausenblas, H. A., & Downs, D. S. (2002). How much is too much? The development and validation of the exercise dependence scale. Psychology and health, 17(4), 387-404.