Ivan alonso

AUTOR: IVÁN ALONSO

SENTIRSE FUERTE: PROFECÍAS AUTOCUMPLIDAS

Todos y cada uno de nosotros estamos constantemente expuestos a una gran cantidad de opiniones, expectativas y creencias que provienen tanto de las personas que nos rodean como de nosotros mismos.

Dichas expectativas van a marcar gran parte de las decisiones y los caminos que seguimos en muchas facetas de nuestra vida. Son tan determinantes que, a pesar de que algunas sean falsas en origen, pueden llegar a convertirse en realidad. Este último tipo de situaciones son lo que se conoce como “Profecía Autocumplida” (PA).

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¿QUÉ ES UNA PROFECÍA AUTOCUMPLIDA?

El concepto de profecía autocumplida (self-fulfilling prophecy) fue desarrollado y acuñado por el profesor Robert K. Merton (1948) basándose en lo que él bautizó como el Teorema de Thomas, según el cual si los individuos definen una situación como real, esta situación es real en sus consecuencias (Merton, 1995; con cita a Thomas, 1928).

Así definida, la PROFECÍA AUTOCUMPLIDA constituye el proceso por el cual la expectativa de que un evento o suceso ocurrirá aumenta las posibilidades de que efectivamente ocurra.

No es la profecía o la mera expectativa la que propicia el efecto, sino que es aquel que formula la profecía el que actúa, muchas veces inconscientemente, de forma que hace probable su ocurrencia (Eden, 1993).

Resulta sumamente importante aclarar que la mera existencia de una expectativa no implica necesariamente la aparición de una profecía autocumplida. No podemos hablar de profecía autocumplida hasta que las expectativas no afectan al propio comportamiento (Sánchez Gómez, 2014).

Otro hecho a destacar es que tampoco podemos hablar de profecía autocumplida cuando la definición de la situación se ajusta a la realidad. Independientemente de que la expectativa sea positiva o negativa, sólo estamos hablando de las expectativas que no están completamente fundamentadas, puesto que aquellas que están fundamentadas en hechos y datos no constituyen expectativas sino simple información.

En cuanto al ámbito deportivo, tal y como propone Wilkins (1976), resulta interesante buscar la formación de nuevas expectativas que aun siendo falsas, permitan generar nuevas profecías autocumplidas para mejorar la situación inicial, es decir, emplear las expectativas como herramienta de mejora (Hawes, 2005; con cita a Wilkins, 1976; Stroh et al, 2008).

Para ejemplificar esto podemos pensar en una persona que es débil. Si ya de por sí es débil, el hecho de que tengamos la expectativa de debilidad no dará lugar a una profecía autocumplida, puesto que dicha expectativa se ajusta a la realidad.

En cambio lo que si podemos hacer si queremos ayudar a dicha persona es generar una nueva expectativa (aunque en principio sea falsa) de que esa persona es fuerte. De esta forma podemos mejorar dicha situación y aumentar mucho la probabilidad de que finalmente esa persona consiga hacer más fuerza.

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A continuación profundizaremos en cada uno de los efectos que actúan como profecía autocumplida, puesto que este es un concepto amplio que engloba tanto el efecto de las expectativas sobre terceros (efecto Pigmalión y efecto Golem), como el papel que tiene la esperanza en el propio éxito (efecto Galatea).

EL EFECTO PIGMALIÓN

Como hemos dicho, se trata de una de las expresiones de profecía autocumplida. Concretamente, este concepto (llamado así por el mito griego de Pigmalión y Galatea) constituye el fenómeno psicológico por el cual las expectativas y creencias de un tercero acerca de algo o alguien conducen al resultado esperado, es decir, afectan su conducta de manera que el segundo tiende a confirmarlas (Rovira, 2006).

Es importante entender que es el tercero (Pigmalión) el que, al esperar algo de alguien hace posible que tal predicción o creencia tenga lugar y no el sujeto sobre el que recae la expectativa. Es decir, el papel relevante es el del denominado Pigmalión.

Los superiores tienen mayores facilidades para comunicar sus expectativas. Esto se debe al llamado efecto de acentuación social, es decir, sobrevaloramos las capacidades de un tercero en base al rol que adopta (Godin, 2013). De este modo, juzgamos inconscientemente más inteligente al que ejerce un papel superior al nuestro, más fuerte al uniformado y más capaz al superior jerárquico.

Esto implica que los sujetos pueden dar mayor importancia relativa a las opiniones y creencias de sujetos de referencia (profesor, entrenador, jefe…), incluso más que a las creencias propias.

ÁMBITOS DE ESTUDIO DEL EFECTO PIGMALIÓN

Dicho efecto ha sido estudiado en numerosos ámbitos:

• Durante la infancia (etapa realmente importante puesto que el desarrollo del individuo está fuertemente influenciado por su contexto y las expectativas de las personas con las que se relaciona (Brophy y Good, 1990; Jackson, 1990; Rist, 1970; Rosenthal y Jacobson, 1968).

• En la época escolar o universitaria.

• En entornos militares.

• En el deporte.

Dentro del ámbito educativo merece especial mención el trabajo de Rosenthal y Jacobson (1968) que fue bautizado como “Pigmalión en el aula” y que constituye la piedra angular sobre la que han sido desarrolladas gran parte de las teorías acerca de dicho efecto.

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PIGMALIÓN EN EL DEPORTE

En el ámbito deportivo el efecto Pigmalión ha sido estudiado, fundamentalmente, bajo el prisma de la motivación y el rendimiento deportivo.

Tal y como proponen Brophy (1983) y Horn (1985) la secuencia del efecto Pigmalión en el deporte puede resumirse en base a la siguiente sucesión de hechos:

1º. En primer lugar los entrenadores generan sus propias expectativas y creencias sobre los jugadores en base a criterios como la edad, constitución, género, raza, rendimiento pasado, trayectoria… es decir, en diferentes indicios personales. (Brophy, 1983; citado en Tsiplakides y Keramida, 2010).

Cuando esta información se ajusta a la realidad no hay ningún problema, cada uno será capaz de rendir a su nivel sin que podamos hablar de una profecía autocumplida. Sin embargo, esta expectativa no tiene por qué ser necesariamente correcta, y en dicho caso podría tener lugar el efecto Pigmalión.

2º. El sujeto que actúa como Pigmalión cambia su comportamiento afectado por la expectativa que tiene respecto del deportista, e influyendo a su vez en la conducta del mismo (Muniain, 2006). Las variables por las cuales dicho comportamiento influye en el deportista se muestran en la siguiente imagen.

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3º. Una vez la expectativa del entrenador ha afectado a su propia conducta y este actúa en consecuencia, la ejecución del deportista puede verse afectada en función de la expectativa y el trato recibido dando lugar al efecto Pigmalión (sea positivo o negativo).

4º. Finalmente, la expectativa del entrenador se ve confirmada.

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Conocer la relación existente entre expectativa y ejecución puede ayudarnos a convertirnos en Pigmaliones eficaces y a evitar un efecto negativo en aquellos casos en los que las expectativas son bajas.

A pesar de ello, también resulta importante recordar que el deportista en cuestión no siempre va a permitir que las expectativas del Pigmalión afecten su rendimiento. Esto se debe a la contraposición de dos fuerzas: por un lado, las expectativas del Pigmalión (sujeto generador de expectativas sobre un tercero) y por el otro, las propias expectativas del sujeto receptor.

PIGMALION NEGATIVO: EL EFECTO GOLEM

A pesar de que por norma general cuando se habla de efecto Pigmalión se hace referencia a la parte positiva del mismo, dicho efecto es tan válido para la mejora y potenciación como para todo lo contrario.

De este modo, el efecto Pigmalión negativo se refiere al proceso por el cual la baja expectativa generada sobre un individuo conduce a un descenso en su rendimiento o desempeño. Como es habitual en este campo, dicho efecto fue bautizado por Babad, Inbar y Rosenthal (1982) con un nombre procedente de la tradición clásica: el efecto Golem.

A diferencia de lo que ocurre con la vertiente positiva de este fenómeno, las consecuencias del efecto Golem han sido estudiadas con poca profundidad y la mayoría de las veces de forma tangencial.

Esta falta de datos empíricos es justificada por la mayoría de autores basándose en las implicaciones éticas y sociales que pueden tener los experimentos en cuestión. Dicha retroalimentación negativa tiene un impacto muy potente en las personas, pudiendo incluso llegar a sobrepasar el ámbito concreto en donde se produzca el conflicto.

Por otro lado, el conocimiento del impacto que pueden tener nuestras expectativas negativas constituye un instrumento de prevención muy efectivo (Eden, 2003). Algunas de estas conductas negativas a evitar pueden ser ignorar al estudiante o deportista (Martinek & Johnson, 1979), hacer caso omiso de sus esfuerzos o no proporcionar formas significativas de retroalimentación (Crowe, 1977; Rothbard, Dalfen, y Barrett, 1971; Willis, 1970).

EL EFECTO GALATEA

Davidson y Eden (2000) definen el efecto Galatea como el efecto que sobre un individuo tiene la auto-formación de expectativas.

El efecto Galatea constituye una profecía autocumplida en sí misma, es decir, es un fenómeno diferenciado del efecto Pigmalión y aunque tengan puntos en común parten de bases distintas: el último, de la expectativa de terceros; el primero, de la propia expectativa.

Sin embargo Pigmalion y Galatea no son excluyentes.

Podría afirmarse que todo tipo de acción que llevemos a cabo con la intención de potenciar las expectativas de un sujeto (efecto Galatea) puede a su vez incrementar las probabilidades de potenciar su rendimiento (efecto Pigmalión).

Aunque en ocasiones ambos efectos puedan entrar en conflicto, podemos decir que finalmente será necesaria la alineación de una y otra fuerza. Precisamente, este es el enfoque que van a seguir las líneas de investigación más contemporáneas. No obstante, a nivel usuario quizás el efecto Galatea cobra una especial relevancia, puesto que en última instancia son nuestras propias expectativas las únicas que podemos intentar controlar.

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Bibliografía.

• Castillo Echevarría, R. (2014). El efecto Pigmalión. ¿Hasta qué punto determina nuestro futuro la visión que los demás tienen de nosotros?

• Díaz-Aguado, M. J. (1983). Las expectativas en la interacción profesor-alumno. Revista Esprofecía autocumplidañola de Pedagogía, 563-588.

• García, M. J. S. (1997). Personalidad y deporte. Ensayos: Revista de la Facultad de Educación de Albacete, (12), 273-284.

• Stroh, L. K., Northcraft, G. B., & Neale, M. A. (2001). Organizational behavior: A management challenge. Psychology Press.

• Williams, J. M. (1991). Psicología aplicada al deporte. Biblioteca Nueva.

Referencias:

• Anderson, D. F., & Rosenthal, R. (1968). Some effects of interpersonal expectancy and social interaction on institutionalized retarded children. In Proceedings of the 76th Annual Convention of the American Psychological Association (Vol. 3, pp. 479-480).

• Babad, E. Y., Inbar, J., & Rosenthal, R. (1982). Pygmalion, Galatea, and the Golem: Investigations of biased and unbiased teachers. Journal of Educational Psychology, 74(4), 459.

• Brophy, J. E. (1983). Research on the self-fulfilling prophecy and teacher expectations. Journal of educational psychology, 75(5), 631.

• Castillo Echevarría, R. (2014). El efecto Pigmalión.¿ Hasta qué punto determina nuestro futuro la visión que los demás tienen de nosotros?.

• Crowe, P. B. (1977). An observational study of teachers’ expectancy effects and their mediating mechanisms on students in physical education activity classes (Doctoral dissertation, ProQuest Information & Learning).

• Davidson, O. B., & Eden, D. (2000). Remedial self-fulfilling prophecy: two field experiments to prevent Golem effects among disadvantaged women. Journal of Applied Psychology, 85(3), 386.

• Eden, D. (1993). Leadership and expectations: Pygmalion effects and other self-fulfilling prophecies in organizations. The Leadership Quarterly, 3(4), 271-305.

• Godin, S. (2013). El engaño de Ícaro. Grupo Planeta (GBS).

• Gómez, R. S. (2014). Gestión y psicología en empresas y organizaciones. ESIC Editorial.

• Good, T. L., & Brophy, J. E. (1990). Educational psychology: A realistic approach . Longman/Addison Wesley Longman.

• Hawes, R. J., & Koenig, C. S. (2005). The Self-Fulfilling Prophecy in college athletics. Project for the degree of Bachelor of Arts in Psicology.

• Horn, T. S. (1985). Coaches’ feedback and changes in children’s perceptions of their physical competence. Journal of Educational Psychology, 77(2), 174.

• Jackson, P. W. (1990). Life in classrooms. Teachers College Press.

• Martinek, T. J., & Johnson, S. B. (1979). Teacher expectations: Effects on dyadic interactions and self-concept in elementary age children. Research Quarterly. American Alliance for Health, Physical Education, Recreation and Dance, 50(1), 60-70.

• Merton, R. K. (1948). The self-fulfilling prophecy. The Antioch Review, 8(2), 193-210.

• Merton, R. K. (1995). The Thomas theorem and the Matthew effect. Social forces, 74(2), 379-422.

• Muniain, S. J. (2006). Cuestión de confianza: más allá de la inteligencia emocional. ESIC Editorial.

• Rist, R. (1970). Student social class and teacher expectations: The self-fulfilling prophecy in ghetto education. Harvard educational review, 40(3), 411-451.

• Rothbart, M., Dalfen, S., & Barrett, R. (1971). Effects of teacher’s expectancy on student-teacher interaction. Journal of Educational Psychology, 62(1), 49.

• Tsiplakides, I., & Keramida, A. (2010). The relationship between teacher expectations and student achievement in the teaching of English as a foreign language. English Language Teaching, 3(2), 22.

• Willis, B. J. (1969). The influence of teacher expectation on teachers’ classroom interactions with selected children. George Peabody College for Teachers.

  1. 25 octubre, 2016

    Sin duda alguna un post muy interesante al igual que productivo para enfocar de manera concisa lo que queremos conseguir teniendo en cuenta estos factores intrínsecos y extrinsecos.

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