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AUTOR: MARÍA LUISA

    

ORTOREXIA. ¿Y SI LA BÚSQUEDA DE LA SALUD PUDIESE ACABAR CON ELLA?

“Lo más importante es tener SALUD”; esta afirmación se repite tanto implícita como explícitamente desde que las personas tienen uso de razón, y es cierto, sin salud todo lo demás se disipa, se relativiza y pierde importancia. Cuando el objetivo es “tener salud” las pautas básicas parecen estar claras: come sano, haz deporte, duerme y adquiere unos hábitos saludables. “Todo empieza por una buena alimentación”, y así es, es el inicio de todo. En este punto, casi de una forma inconsciente aparecería un esquema mental parecido a este:

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Aquí es donde empieza el posible peligro, en esta sencilla pero a la vez compleja visión extremista. Cuando no hay valores intermedios, las decisiones se sitúan en el “nada” o en el “todo”, en el lado “bueno” o en el lado “malo”. Si la única opción para conseguir la “salud total” es la que aparece con un tick verde, las personas solo se sentirán bien cuando se encuentren en esa zona, y tendrán sensaciones de malestar, de ansiedad y culpabilidad si se sitúan en la zona marcada con la cruz roja. De esta forma, la persona tenderá a tomar decisiones que fomenten sus buenas sensaciones y evitará todo aquello que le cause malestar.

Según Bratman, cuando la obsesión por comer sano se lleva al extremo, a lo patológico, llega un punto en el que todo gira en torno a la comida, a controlar lo que se come, imponer prohibiciones y programar detalladamente las comidas se convierte en una prioridad para poder sentirse seguros, tranquilos y dueños de cada situación (Bratman y Knight, 2001).

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Antes de entrar en la explicación de la Ortorexia, pedimos al lector que lea y reflexione sobre los criterios diagnósticos propuestos por Bratman. Intente contestar SI o NO a cada punto:

a. Dedico más de 3 horas al día a pensar en mi dieta sana.

b. Me preocupo más por la calidad de los alimentos que del placer de consumirlos.

c. Conforme aumenta la pseudocalidad de mi alimentación, disminuye mi calidad de vida.

d. Cuando no puedo cumplir mis convicciones dietéticas aparecen sentimientos de culpabilidad.

e. Planificación excesiva de lo que comeré al día siguiente.

f. Mi tipo de alimentación a veces me provoca aislamiento social.

Nota: El posible grado de ortorexia se refleja con el sumatorio de las respuestas afirmativas. Este cuestionario no determina la presencia de ortorexia, pero si puede ayudar al lector a identificar posibles conductas típicas del trastorno y recurrir a un profesional para que realice su evaluación, diagnóstico y tratamiento.

¿QUÉ ES LA ORTOREXIA? ¿POR QUÉ TIENE LUGAR?

El término “ortorexia” proviene del griego, ortho- (correcto, justo, recto) y –orexia (apetito, apetencia), y significa “apetito justo o correcto”. Este término fue acuñado por el médico norteamericano Steven Bratman en 1997, quien la definiría por primera vez en el año 2000 en el libro “Health Food Junkies” (“Yonkies de comida sana). La ortorexia se identifica por la obsesión de consumir comida sana y saludable, hasta convertirse en una patología. Mientras que en la mayoría de los trastornos de alimentación (TCA) el problema gira en torno a la cantidad de comida, en la ortorexia gira en torno a la calidad de los alimentos.

La ortorexia deriva en una preocupación patológica por consumir exclusivamente alimentos procedentes de la agricultura ecológica, libre de transgénicos, pesticidas, herbicidas o sustancias artificiales.

Esta práctica puede conducir a que se supriman la carne, la grasa e incluso grupos de alimentos que, en ocasiones no se sustituyen adecuadamente por otros que puedan aportar los mismos complementos nutricionales (Ale, 2006). Hay que señalar que las personas que sufren ortorexia no sólo consumen alimentos procedentes de la cultura ecológica sino los alimentos que esa persona “cree” o “imagina” que son sanos y saludables.

El puente hacia la ortorexia es casi invisible, la persona comienza a elegir unos alimentos y a descartar otros buscando la salud. Con el tiempo las restricciones dietéticas se van volviendo cada vez más inflexibles, aparecen los “alimentos prohibidos”, además del castigo y el malestar si se prueba una pequeña porción de estos. La víctima de la ortorexia empieza a dedicar cada vez más tiempo a pensar en su alimentación y siente una necesidad de tener una programación con respecto a la compra, elaboración y consumo de los alimentos “saludables”. Su alimentación se convierte en la única posibilidad, apareciendo un sentimiento de superioridad sobre el estilo de vida y los hábitos alimentarios de otras personas. Las personas que sufren este TCA esperan alcanzar todo tipo de beneficios físicos, psíquicos y morales (Muñoz, 2007).

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Factores Predisponentes

Por lo general, las personas más propensas a sufrir ortorexia son las que presentan comportamientos obsesivo-compulsivos, personas muy estrictas, controladas y exigentes consigo mismas y con los demás. El factor “obsesión” se encuentra en la base de este trastorno.

Entre los factores predisponentes se encuentran la obsesión por buscar una excelente salud, la inquietud excesiva por la imagen corporal, las creencias absurdas sobre la apariencia física y la aceptación social, el miedo a ser contaminado por la industria alimentaria y obsesión por los alimentos naturales.

Los grupos más vulnerables son las mujeres, pacientes que han sufrido anorexia nerviosa, los adolescentes y quienes se dedican a deportes donde el peso y la estética tienen un papel relevante, como el culturismo, fitness y atletismo, entre otros.

Un dato a destacar, es que este trastorno parece no afectar a los sectores marginales, pobres o ignorantes, sino más bien al contrario, a países desarrollados y a personas con niveles socioeconómicos medios-altos ya que este tipo de comida es más costosa y más difícil de conseguir (Garrote, 2009).

Factores Precipitantes

Se refieren a aquellas situaciones estresantes que hacen que se pueda desatar la enfermedad. Entre estos se pueden destacar el inicio de una dieta adelgazante, aumento rápido de peso, críticas del círculo familiar o social, las trasformaciones ajustadas a la pubertad o comenzar con un estilo de vida en el que la alimentación natural sea indispensable.

Hay que destacar que existe una búsqueda constante de la dieta perfecta y para ello las personas que sufren este trastorno visitan a profesionales que les ayuden a obtener más información acerca de cómo alcanzar la “alimentación perfecta”. Los profesionales de la dietética y de las ciencias del deporte, deben tener una formación básica en este tipo de trastornos, con el objetivo de descubrir cuándo las personas pueden cruzar el límite de la normalidad.

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CONSECUENCIAS Y TRATAMIENTO DE LA ORTOREXIA

Las consecuencias físicas de la ortorexia son las mismas que puede provocar una alimentación inadecuada, como desnutrición, anemia, hipervitaminosis, hipovitaminosis, carencia de oligoelementos, hipotensión y osteoporosis, etc. En fases avanzadas, aparecen trastornos obsesivo-compulsivos relacionados con la alimentación. Se ha demostrado que la carencia de vitaminas, como la B12, provoca alteraciones en el comportamiento, que acentúan aún más las obsesiones (Muñoz, 2007).

Las consecuencias psicológicas más destacadas son la depresión, la ansiedad y la hipocondriasis. La obsesión y necesidad de controlar todo lo que se come, causa intranquilidad, inseguridad y, sobre todo, sufrimiento a la persona que padece este trastorno.

El tratamiento de la ortorexia es similar a los que se utilizan para otros TCA, y la persona afectada debería ser tratada por un equipo multidisciplinar, guiado por profesionales de la psicología, desde una orientación preferentemente cognitivo-conductual. La recuperación psicológica siempre es más costosa que la física, ya que hay que ir eliminando todas las conductas que se han adquirido a lo largo del tiempo, así como cambiar todos los pensamientos y falsas creencias que la persona afectada ha adoptado hacia su alimentación.

CONCLUSIONES Y REFLEXIÓN

¿La búsqueda de la salud puede acabar con ella?

La ortorexia responde a esta pregunta de forma afirmativa, ya que demuestra cómo la obsesión por la comida “sana” puede conducir a la enfermedad.

Como se expuso al principio del artículo, todo empieza con una visión extremista, con el “todo” y el “nada”, con lo “bueno” y lo “malo”, lo “sano” y lo “prohibido”, y todo lo anterior, deriva en la inflexibilidad. Imaginemos que tenemos dos barras, una hecha de madera y otra de goma. Si aplicamos una fuerza a la primera, al ser rígida, terminará quebrándose. Pero si aplicamos la misma fuerza a la barra de goma, al ser flexible, simplemente se adaptará y no se quebrará. Lo mismo ocurre con nuestra alimentación, la flexibilidad es la clave para la adaptación, para no perder el control y no caer en las trampas de nuestra propia rigidez mental.

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Referencias

– Alén, E. M. (2006). Perspectiva antropológica de un caso de ortorexia nerviosa. Cultura de los Ciudadanos, pág 109.

– Bratman, S y knight, D. (2001). Health Food Junkies. Ortorexia nerviosa: overcoming the obsession with healthful eating.1ª ed. New York: Broadway Books.

– Bratman, S. (2000). Healt Food Junkies. New York: Broadway Books.

– Garrote, R. D. (2009). Análisis de la incidencia de los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) en los factores de personalidad de los estudiantes de educación secundaria de Granada. Universidad de Granada.

– Muñoz, R. y Martínez, A. (2007). Ortorexia y Vigorexia: ¿nuevos trastornos de la conducta alimentaria? Trastornos de la Conducta Alimentaria 5, 457-482.

  1. 7 noviembre, 2016

    Por eso hago dieta flexible xD

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