vacio

AUTOR: Rubén

       

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Imagen extraída de http://4.bp.blogspot.com/-8M-wuJ81gXU/UVJ01dvYklI/AAAAAAAAAfU/6LKViRw8Iks/s1600/bice1.png

Durante años hemos aprendido lo que sucede cuando se realiza un movimiento alrededor de una articulación, por ejemplo, en el codo. La historia funcionaba de esta manera: mientras un músculo, en este caso el bíceps, se contrae, el músculo del otro lado, el tríceps, se relaja. A primera vista, esta explicación parece bastante razonable. Es decir, si el músculo antagonista no se relaja, el músculo agonista será incapaz de contraerse. Sin embargo, este paradigma empieza a tambalearse cuando nos adentramos en la neurofisilogía y nos topamos con un fenómeno recurrente en éste: relajar no significa dejar de mandar señales (ya que los músculos siempre necesitan tener una tensión mínima), y si esto es cierto, significa que siempre debe haber un mínimo de contracción, por muy leve que sea. Por lo tanto, un músculo no puede relajarse. Pero lo normal es considerar que todo esto podría basarse más en un juego semántico que en principios demostrados. ¿Seguro?. Comencemos a destripar qué es lo que realmente sabe hacer un músculo.

¿Qué ocurre en la contracción?

Lo primero que sucede (y si no consideramos los arcos reflejos) cuando voluntariamente realizamos un movimiento, es que nuestra corteza cerebral manda una señal. Esa señal va a bajar por unos tractos descendentes de la médula por la sustancia blanca y va a parar a una altura determinada de la médula. En ella, habrá una sinapsis con una neurona motora que mandará la señal hacia la unión neuromuscular, provocando una contracción. Para que la contracción tenga lugar, deberá haber no sólo un impulso eléctrico, sino una sucesión rápida y continuada de impulsos que provoquen ese potencial de acción que permita la contracción muscular.

Una vez hemos descrito qué ocurre con las señales que llegan a nuestros músculos, debemos tener varias cosas en cuenta:

– Cuando la neurona motora manda la señal para que un músculo se contraiga, a ella han llegado una serie de señales excitatorias o inhibitorias: unas señales le decían “contráete”, mientras que otras le decían “no te contraigas”.

– Pero lo fundamental es que ninguna le decía “relájate”. Y la principal consecuencia es que a los músculos sólo les llegan señales de contracción, nunca de relajación. Es decir: a un músculo pueden llegar más o menos señales de contracción, pero no de relajación.

Llegados a este punto podríamos preguntarnos: entonces, ¿cómo consigue un músculo contraerse y otro contraerse menos para realizar una flexión de codo? Básicamente, porque a un músculo le llegan más señales para que se contraiga que al otro. Un músculo no se relaja, sino que se inhibe. Es decir: se contrae menos.

Imaginemos que tenemos el mástil de un barco, y que para mantenerlo recto, tenemos a dos marineros tensando cada uno una cuerda, una a cada lado. Si uno de ellos se relaja, la fuerza con la que el otro tira del mástil hará caer éste. Y lo mismo pasará al contrario. Por lo tanto, si extrapolamos este símil a una articulación con unos músculos y huesos, podemos determinar que siempre es necesaria una tensión, o lo que es lo mismo, una contracción de los músculos de ambos lados del eje que permitan mantener estable la articulación.

¿Qué consecuencias directas tiene en el entrenamiento con resistencias? Cuando hablamos de la fase concéntrica o excéntrica de un músculo, no podemos sólo pensar en que en una flexión de codo contrarresistencia, por ejemplo, sólo trabaja el bíceps. El tríceps necesariamente tendrá que trabajar excéntricamente para controlar el movimiento. Es decir: si nuestro sistema nervioso detecta que el tríceps no puede contraerse y por tanto, controlar el movimiento, le dirá al bíceps que no se contraiga, ya que de lo contrario “el mástil se caerá”. Cuando el sistema nervioso detecta una falta de estabilidad, éste responderá con una falta de movilidad. Si nuestro sistema detecta que somos inestables en determinadas posiciones, nuestro sistema evitará llegar a esas posiciones debido a que podríamos provocar una lesión debido a una falta de control.

Por todo ello, debemos entrenar pensando en que lo primero que nuestro cuerpo debe tener es estabilidad. Para que tengamos esa estabilidad, deberemos hacer que en rangos acortados de la musculatura, dónde hay una pérdida de entrada propioceptiva, nuestro cerebro se comunique bien con el músculo, concretamente, con el huso muscular. Si esta conexión falla, habrá inestabilidad.

Pongamos otro ejemplo. Imaginemos que queremos llamar a un amigo para que nos traiga unos apuntes de la universidad. Sabemos que sin esos apuntes suspenderemos el examen. Para ello, nuestra forma de comunicarnos con él es llamando con nuestro teléfono a su teléfono. Sin embargo, él se encuentra en un lugar donde no tiene cobertura. Como no tiene cobertura, no podré realizar la llamada y por lo tanto, no tendré los apuntes y suspenderé.

Ahora trasladémoslo al cuerpo humano. Nuestro cerebro quiere mandar una señal a nuestro bíceps para que se contraiga, y así, poder realizar esa flexión de codo que buscamos. Sabemos que sin esa contracción del bíceps no podremos hacer la flexión de codo. Para ello, la forma de comunicarse el cerebro con el músculo es mediante el huso muscular, el cual da información sobre la situación del músculo. Sin embargo, como el huso de ese músculo está “averiado”, éste no se puede comunicar con el cerebro. El cerebro no sabe qué está pasando y decide no contraer, ya que no obtiene la información que busca. Es más, lo que hará será parar toda la actividad por si ocurre una posible lesión.

Sin embargo el cuerpo tiene diferentes mecanismos para actuar. Si un músculo no funciona correctamente, lo que hará será compensar para intentar realizar el mismo movimiento. Esto podría repercutir en un exceso de movilidad en otras articulaciones con su consecuente desgaste articular. Si lo comparamos con el ejemplo anterior, si nuestro amigo no responde a la llamada, tendremos que llamar a otro. Pero éste no tiene tan buenos apuntes, y nuestro examen no saldrá tan bien como deseamos.

Cuando existen rangos limitados o un músculo con demasiada tensión, el problema no está en la tensión. La tensión es consecuencia de un exceso de trabajo de esa musculatura para compensar la falta de movilidad y por tanto, de estabilidad, en otros músculos. Es esa solución explicada anteriormente que busca el sistema nervioso para seguir realizando las tareas que le solicitamos hacer.

A partir de ahora deberemos pensar en que es posible que podamos estar incubando una futura lesión, pero no nos damos cuenta debido a que nuestro cuerpo es un excelente compensador que no para de buscar soluciones. Sin embargo, en el momento en el que una molestia aparece, puede ser debido a que algo ha ido demasiado mal como para ser solucionado. Por ello, deberíamos estar atentos a que un exceso en las dosis, o la realización de ejercicios multiarticulares, pueden estar incentivando esa compensación que realiza nuestro cuerpo y que, en definitiva, estemos ayudando a provocar esa futura lesión.

  1. 7 agosto, 2014

    buenisimo articulo tremenda explciacion como para nino de 5 anos jejejeje mis felicitaciones

  2. 3 julio, 2015

    grandísimo articulo como siempre y efectivamente muy bien explicado.

    Saco por conclusión algo que ya sabíamos por otros motivos que debemos hacer siempre, entrenar duramente los básicos

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