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AUTOR: MARÍA CASAS

       

AFRONTAR EL SÍNDROME PREMENSTRUAL CON ALTERNATIVAS EFICACES

No es de extrañar que muchas mujeres durante la edad fértil experimenten una serie de cambios durante el ciclo menstrual y que, además, estos sean mucho más pronunciados conforme se acerca al periodo de menstruación.

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Por una parte nos notamos físicamente peor, como mucho más hinchadas por la retención de líquidos que conllevan un aumento de peso, con dolores de cabeza repentinos y con una piel que parece traernos de nuevo a la pubertad. Luego vienen los maravillosos cambios de humor aleatorios, nuestras ganas de comer a todas horas y por si esto fuera poco, cuando estamos finalizando nuestra fase lútea, comienzan esos incesantes cólicos que pueden llegar a ser verdaderas torturas. Esto puede verse reflejado en cambios en nuestra conducta, en el sueño y, por supuesto, nos vuelve bastante más irritables…pero ¿y a quién no? He de deciros, chicas, que este conjunto de fenómenos fisiológicos (por llamarlo de alguna manera) se les denomina síndrome premenstrual.

Definido formalmente, el síndrome premenstrual (SPM) constituye un conjunto de síntomas de distinta naturaleza, tanto físicos como psíquicos, que comienzan durante el proceso de ovulación (15 días después de la última menstruación) y se acentúan los días previos o incluso durante los dos primeros días de menstruación.

La importancia de este síndrome radica en su gran prevalencia. Según el Colegio Americano de Obstetricia y Ginecología entre el 20-40% de las mujeres en edad fértil experimentan en mayor o menor medida la sintomatología asociada a este síndrome (Colegio de Obstetricia).

La etiología u origen de este síndrome no está del todo clara. Recordemos que la fisiología femenina, en cuanto a su entorno hormonal, es de lo más compleja y se encuentra sometida a continuas fluctuaciones en torno al ciclo ovárico y uterino. Existen líneas de investigación que apuntan a cambios en los niveles hormonales (estrógenos y progesterona) y bajos niveles de monoaminas biógenas (serotonina principalmente) en el sistema nervioso central. Por otro lado, hay teorías orientadas a déficits nutricionales de vitamina B6, E y bajas concentraciones de calcio y magnesio.

La sintomatología del SPM es amplia. De hecho, se han descubierto más de 150 posibles síntomas y con muchas variaciones entre distintas mujeres. Por suerte, suelen manifestarse de forma moderada en el 30% y más fuertes en 5-10% de las mujeres. Esto tiene su importancia ya que el SPM puede repercutir seriamente en el trabajo, estilo de vida e incluso en las relaciones sociales.

Los síntomas típicos son los siguientes:

● Hinchazón y retención de líquidos por desequilibrios electrolíticos.

● Distensión y dolor abdominal.

● Dolores de cabeza.

● Sensibilidad en las mamas.

● Ganas de comer, sobre todo, carbohidratos y dulces debido a la baja sensibilidad a la insulina.

● Trastornos dermatológicos manifestados principalmente en forma de acné.

Dismenorrea o dolor menstrual debido a cólicos uterinos debidos a aumentos en las concentraciones de prostaglandinas (mediadores inflamatorios).

Cambios de humor: irritabilidad, crisis de llanto y depresión. Esto se piensa que se produce por bajos niveles serotoninérgicos en el sistema nervioso central. Y es que la serotonina es un neurotransmisor de origen peptídico implicado, entre otras cosas, en el control del estado anímico a nivel mesolímbico (vías implicadas en el comportamiento).

Los cambios de humor, motivo de comentarios distendidos en el día a día dentro de la sociedad – los denominados días tontos del mes -, constituyen importantes síntomas que pueden agravarse por factores psicosociales y situaciones de estrés que conduzcan a un estado depresivo. Y es cierto que durante el SPM se producen alteraciones en el estado anímico, nos encontramos más susceptibles, más cansadas, con menor apetito sexual y con frecuentes sentimientos de culpa y desesperación. Es más, estudios prospectivos revelan que entre un 12-25% de las mujeres con SPM sufren trastornos depresivos (Oelkers et al., 2004). Muchas veces estos episodios recurrentes surgen de forma estacional, sobre todo en invierno (menos exposición solar y producción de melatonina (Puolakka et al., 1985)), por lo que es importante saber qué es lo que nos está pasando realmente para poder manejarlo de la mejor forma posible.

¿QUÉ SOLUCIONES SE PROPONEN?

Como en todo, DEPENDE. Depende del cuadro sintomatológico del SPM que presente cada mujer. Siempre se parten de medidas higiénico-dietéticas orientadas a una mejora en la pauta dietética y práctica de ejercicio físico. Pero si se trata de un cuadro más grave, se plantean medidas farmacológicas más potentes.

De esta forma veremos distintas estrategias para el tratamiento del síndrome premenstrual.

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1. DIETOTERAPIA

Investigaciones en Estados Unidos y Canadá, en base a información recogida a partir de encuestas, revelaron una recomendación en el 63% de casos para tratar el SPM. No existen evidencias que estas modificaciones puedan reducir los síntomas pero sí se ha demostrado una mejora en la pauta dietética, composición corporal y estado anímico.

premenstrual-frutaIngesta abundante de frutas y verduras. Esto presenta una triple funcionalidad:

○ Abundante aporte vitamínico y mineral.

○ Retraso en el vaciamiento gástrico y sensación de saciedad. Reducimos así estos antojos que nos dan.

○ Aumento de la motilidad intestinal y reducción del estreñimiento.

● Consumo de alimentos ricos en triptófano, ya que este es el bioprecursor de la serotonina. Veremos amplia variedad de alimentos: pescados azules, huevos, lácteos, aves, tofu, soja, legumbres y cereales de germen de trigo.

Evitar consumo de hidratos de carbono de absorción rápida ya que darán lugar a cuadros hipoglucémicos que podrían ocasionar mareos y retroalimentar las ganas de comer.

● Reducir el consumo de sal para limitar la retención hídrica tisular.

● Evitar el consumo de café, tabaco y alcohol.

2. EJERCICIO FÍSICO

Como hemos visto en otros artículos del blog, la fase lútea se caracteriza por un menor rendimiento en el entrenamiento de fuerza, tanto por desmotivación como por pérdida de potencia muscular (Czajkowska et al. 2015). Sin embargo, al verse incrementado el Ritmo Metabólico Basal, se recomienda realizar mayor volumen de entrenamiento con menor intensidad así como ejercicios de carácter más aeróbico para poder crear un balance energético negativo dirigido a una pérdida de grasa. Esto ha demostrado en diferentes estudios un aumento en los niveles de beta-endorfinas (McGowan et al., 1993) que contribuyen a una mejora en el estado anímico y, por tanto, menor incidencia de episodios depresivos. Además, durante el entrenamiento se produce un aumento en los niveles de hormona del crecimiento, cortisol y testosterona que suponen una mejoría en el cuadro psíquico (Fernández-Pastor et al., 1999).

Por otro lado, la práctica regular de ejercicios de baja intensidad como yoga, demostraron muy buenos resultados en el control sintomatológico de mujeres que padecían SPM, en tanto que se produjo un aumento de la función física a la par que disminuye el dolor y la distensión abdominal, cólicos endometriales y sudores fríos (Tsai et al. 2016).

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3. FARMACOLOGÍA

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Tratamiento hormonal

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En 1974, el Royal College of General Practitioners reveló una disminución en un 29% de la incidencia del SPM entre las mujeres usuarias de anticonceptivos orales. Estos datos fueron apoyados por dos ensayos clínicos (Morris et al., 1979) y fueron dirigidos a escoger los anticonceptivos con drospirenona (gestágeno derivado de espironolactona que inhibe competitivamente receptores de aldosterona) como buena opción terapéutica en el tratamiento de SPM.

Otros fármacos, como el danazol y agonistas de hormona liberadora de gonadotropina, pese a su eficacia, presentan efectos adversos como hipoestrogenemia por lo que son indicados para casos muy severos. Se intentan combatir con análogos de tibolona (otro gestágeno), aunque el tratamiento era menos eficaz se disminuyeron considerablemente los efectos secundarios.

4. FITOTERAPIApremenstrual-bote

La fitoterapia ofrece unos preparados del fruto de Sauzgatillo (Vitex Agnus Castus) que contienen una serie de principios activos dopaminérgicos que actúan sobre receptores D2 de dopamina en la vía mesolímbica, mejorando el estado anímico ya que se aumentan las concentraciones de catecolaminas en el SNC (Meier et al., 2000).

Se utiliza para el tratamiento del SPM leve-moderado y mastalgia cíclica (dolor mamario). Estas indicaciones han sido reconocidas por la Comisión E del Ministerio de Sanidad Alemán y se ha probado su eficacia en ensayos clínicos randomizados frente a placebo y fármacos como la fluoxetina presentando el sauzgatillo la misma eficacia que la fluoxetina con menores efectos adversos (Atmaca et al 2003).

RESUMEN Y PUNTOS PRINCIPALES

● El síndrome premenstrual (SPM) constituye un compendio de síntomas de naturaleza física y psíquica que se dan debido a fluctuaciones en los niveles hormonales y serotoninérgicos como producto de procesos anatómico-fisiológicos en la mujer, preparándose ante una posible fecundación.

● Trae consigo gran variedad de síntomas que pueden repercutir seriamente en el trabajo, estilo de vida e incluso en las relaciones sociales.

● La dietoterapia ha reflejado una mejora en la higiene dietética además de prevención de empeoramiento del cuadro de SPM. El deporte demuestra una disminución en síntomas SPM, que conlleva múltiples beneficios y adaptaciones activas. En conjunto constituyen el tratamiento de primera elección.

● Existen gran cantidad de alternativas terapéuticas para el tratamiento de los síntomas físicos y psíquicos asociados al SPM dentro las cuales destacamos los AINES y ISRS como tratamiento de elección, siendo estos últimos bajo prescripción médica. El tratamiento hormonal se prefiere reservar a casos más graves llevados bajo control ginecológico periódico.

BUENO…¿ENTONCES QUÉ HACEMOS?

Se pueden definir una serie de patrones y medidas de actuación generales, pero el tratamiento siempre debe ser individualizado atendiendo a las condiciones personales de cada mujer. Sin embargo, establecer unas medidas preventivas nunca está de más. Os dejo aquí una serie de consejos-pautas:

La dieta que debemos seguir está expuesta en la guía nutricional para el ciclo menstrual; conforme avanzamos a lo largo de la fase lútea ir bajando la ingesta calórica e ir disminuyendo el aporte de carbohidratos a la vez que aumentamos el consumo de grasas. Si somos propensas a caídas en el estado anímico, consumir alimentos ricos en triptófano. Todo ello incluido en una dieta rica en fruta y verduras que nos aportarán las vitaminas y minerales requeridos.

En el deporte: después de pasar el periodo de ovulación (pico de máxima fuerza) deberíamos bajar progresivamente la intensidad de nuestros entrenamientos y dirigirlos a un mayor volumen del mismo. Esto quiere decir, que bajemos las cargas y aumentemos las series y/o las repeticiones.

¡Recordad chicas, nuestras hormonas rigen periodización en nuestros entrenamientos!

Además, iremos introduciendo ejercicio cardiovascular medio-ligero durante 20-30 minutos. En los últimos días de la fase lútea practicar ejercicios como yoga y pilates durante 3-4 horas semanales han demostrado tener efectos beneficiosos, disminuyendo la sintomatología del SPM. Esto se podría complementar con sesiones de ejercicio cardiovascular ligero durante 30-50 minutos diarios.

Según la gravedad de los síntomas podremos abordar el SPM de la siguiente manera:

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Referencias y bibiografía

● Atmaca, M., Kumru, S., & Tezcan, E. (2003). Fluoxetine versus Vitex agnus castus extract in the treatment of premenstrual dysphoric disorder. Human Psychopharmacology: Clinical and experimental, 18(3), 191-195.

● Czajkowska, M., Drosdzol-Cop, A., Gałązka, I., Naworska, B., & Skrzypulec-Plinta, V. (2015). Menstrual cycle and the prevalence of premenstrual syndrome/premenstrual dysphoric disorder in adolescent athletes. Journal of pediatric and adolescent gynecology, 28(6), 492-498.

● El-Lithy A, El-Mazny A, Sabbour A, El-Deeb A. Effect of aerobic exercise on premenstrual symptoms, haematological and hormonal parameters in young women. J Obstet Gynaecol 2015; 35:389-392.

● Fernández-Pastor, V. J., Ruiz, M., Diego-Acosta, A. M., Avila, C., García, J. C., Pérez, F., … & Noguer, N. (1999). Metabolic and hormonal changes during aerobic exercise in distance runners. Journal of physiology and biochemistry,55(1), 7-16.

● Javier, G. C. F., Adrián, L. V., Brenda, M. R., & Lorena, R. R. Control del ciclo menstrual mediante la alimentación.

● Juan Luis Lanchares Pérez & cols. Síndrome premenstrual. Catedrático y jefe de servicio de departamento de Obstetricia y Ginecología.

● Johnson, S. R. (1998). Premenstrual syndrome therapy. Clinical obstetrics and gynecology, 41(2), 405-421.

● McGowan, R. W., Pierce, E. F., Eastman, N., Tripathi, H. L., Dewey, T., & Olson, K. (1993). Beta-endorphins and mood states during resistance exercise.Perceptual and motor skills, 76(2), 376-378.

● Meier, B., Berger, D., Hoberg, E., Sticher, O., & Schaffner, W. (2000). Pharmacological activities of Vitex agnus-castus extracts in vitro.Phytomedicine, 7(5), 373-381.

● Morris, N. M., & Udry, J. R. (1972). Contraceptive pills and day-by-day feelings of well-being. American journal of obstetrics and gynecology, 113(6), 763-765.

● Palazuelos, F. J. H. (2007). Uso práctico de la fitoterapia en ginecología. Ed. Médica Panamericana.

● Puolakka, J., Mäkäräinen, L., Viinikka, L., & Ylikorkala, O. (1985). Biochemical and clinical effects of treating the premenstrual syndrome with prostaglandin synthesis precursors. The Journal of reproductive medicine, 30(3), 149-153.

● Oelkers, W. (2004). Drospirenone, a progestogen with antimineralocorticoid properties: a short review. Molecular and cellular endocrinology, 217(1), 255-261.

● Olah, K. S. (2002). The use of fluoxetine (Prozac) in premenstrual syndrome: is the incidence of sexual dysfunction and anorgasmia acceptable?. Journal of Obstetrics and Gynaecology, 22(1), 81-83.

● Tsai, S. Y. (2016). Effect of Yoga Exercise on Premenstrual Symptoms among Female Employees in Taiwan. International Journal of Environmental Research and Public Health, 13(7), 721.

● Wang, M., Hammarbäck, S., Lindhe, B. Å., & Bäckström, T. (1995). Treatment of premenstrual syndrome by spironolactone: A double‐blind, placebo‐controlled study. Acta obstetricia et gynecologica Scandinavica, 74(10), 803-808.

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  1. 21 noviembre, 2016

    […] síntomas asociados al embarazo que pueden relacionarse (si no sabe que está embarazada) con síndrome premenstrual ya que presentan muchos síntomas comunes como dolor mamario, dolor lumbar, alteraciones cutáneas, […]

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